Soledad
La princesita coge su espejo y mira su dulce rostro ensombrecido por el aburrimiento. De repente, en el fondo del espejo, se enciende una llama que brilla como un diamante. La joven pasa sus dedos sobre la luz radiante que repentinamente le quema.
Será, piensa la princesa, una ficción creada por el brujo del palacio que hoy también se aburre. Más la luz brillante empieza a tener forma y sale del espejo, vagando por la habitación con gran estruendo. Al ruido caótico se une un fuerte perfume a fresas y frambuesas del bosque.
La princesa, asustada, pide auxilio, pero ni los reyes, ni la servidumbre oyen sus gritos. La llama, presa de una risa inaguantable, le pregunta lo que le ocurre, impresionándole aún más.
Ella llora y pide clemencia a esta "cosa" que le provoca tanto terror. Por fin, la llama concluye con sus risas dulces y voces ensordecedoras e indica a la princesa que no piensa causarle ningún daño. Le explica que es el reflejo de su propio aburrimiento. Muy cansada en el fondo del espejo quería hacer algo divertido que le cambiase las ideas y de paso alegrar a la princesita.
Todas las tensiones desaparecen y la princesa, decide convertirse en la amiga de la llama. Tranquila y serena, la princesita cuenta su mal estar por este día lluvioso sin sorpresa y sin fin. La llama le aconseja que coja un libro de cuentos y lea algún párrafo con el fin de encontrar una distracción.
Y la princesa lee y lee más cuentos a la llama hasta que cae la noche. Sin darse cuenta, las horas han pasado hasta el anochecer y ella no ve el tiempo pasar. Cuando, más tarde, la princesita se da cuenta que no tiene la suficiente luz para seguir leyendo, por lo tanto la llama del aburrimiento ha desaparecido y está sola en su habitación.
Miles de luces iluminan el castillo. Se oyen por todas los lugares del palacio canciones de alegría y de felicidad. Ella acaba de comprender el poder de la lectura. En unas pocas horas, ha dado la vuelta al mundo, ha conocido miles de amigos, ha descubierto valiosos tesoros. Gracias a los libros ha vencido al aburrimiento.